
María está sentada en su silla de plástico. Está con las piernas abiertas en su terraza. Se lía un cigarrillo de los caros y afina los oídos. El día está nublado. Las rodillas empiezan a doler. Se mira las palmas de las manos. Parece que él está en todas partes. Parece que él hubiese creado el mundo en sólo dos días. Uno para tomarte de la mano y el otro para conceder deseos.
María espera unos minutos. Espera unas horas. Espera hasta que las rodillas la indican que pronto lloverá. Lloverá tan fuerte que los huesos se adherirán a la silla. Eso no le importa. Ella está pensando en todas las cosas que no ha hecho. Ella piensa mucho en su futuro. En su deber. Le preocupa llamarse María. Su significado. Lo que pudo significar para el mundo en otra vida.
Con otro hombre, en otro lugar. Otro día de lluvia en la terraza de María. Se trata de otra señal.
(escrito de Mi vecina Martier)
(foto de Eugenio Recuenco)
la melancolía y el inconformismo me están jugando malas pasadas....
2 comentarios:
El inconformismo nunca es malo, de verdad de la buena.
Y la melancolía tampoco, tranquila.
En cuanto al post anterior, no hay kms suficientes cariño.
Los 20 serán diferentes, no sé si mejores o peores, pero en el fondo, lo que de verdad importa, seguirá ahí.
Un bico enorme.
No sabes cuanto te quiero
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